El amor de Dios no es abstracto, el amor de Dios es concreto, como la amistad de Jesús con Lázaro

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San Ignacio de Loyola dice en los Ejercicios que tenemos que hablar con Dios como un hijo habla con su padre, como un amigo habla con su amigo…

Y hablando de amigo, el Evangelio del domingo trata de la amistad de Jesús con Lázaro y sus hermanas Marta y María. Pero no solamente aparece en Evangelio que Jesús es amigo de Lázaro, también refiere el Evangelio que Jesús llora, cuando Marta le cuenta que su amigo Lázaro a muerto. Que si él hubiera estado allí, eso no hubiera sucedido. Jesús llora tanto, que los judíos que habían ido a acompañar a Marta y a María expresan: “¡Cómo lo quería!”

Entonces Jesús pide que lo lleven a la tumba, hace que corran la piedra después de cuatro días de muerto. Jesús grita ¡Lázaro, salí afuera!

Pero la revivición de Lázaro no es una magia. Jesús no es una máquina. Es la manifestación del poder y la fuerza omnipotente del amor de Dios que nos quiere así, que se hace cargo de nosotros, que nos trata como a hijos, como a hermanos, como a verdaderos amigos. La misma fuerza con la que carga la cruz y entrega su vida por amor a nosotros; a cada uno.

Leyendo el capítulo 11 del Evangelio de Juan o cualquier otro capítulo, podemos pedir esta amistad con el Señor, que es parte de la fe crecida, del trato con Jesús que nos acompaña en el camino de la vida, que sufre y goza con nosotros; que se alegra con nuestra amistad.